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Algoritmos y adolescencia: expertos alertan sobre los efectos del uso de redes sociales en la salud mental juvenil

Los académicos de la Universidad de La Serena, Néstor González Durán, magíster en Psicología, y Pablo Andrada Sola, doctor en Comunicación, analizan cómo estas plataformas priorizan el enganche y dificultan la autorregulación.
La creciente preocupación por el impacto de las redes sociales en la salud mental de niños, niñas y adolescentes volvió a instalarse en el centro del debate público, luego de que la Unión Europea iniciara una investigación formal contra Meta, empresa matriz de Facebook e Instagram.
A través de esta acción, las autoridades europeas buscan determinar si el diseño y funcionamiento de estas plataformas —en particular sus algoritmos y sistemas de recomendación— fomentan conductas adictivas, exponiendo a la población menor de edad a riesgos psicológicos significativos.
Al respecto, el psicólogo clínico, académico y coordinador del Centro de Atención Psicológica (CAPSI) de la Universidad de La Serena, Néstor González Durán, sostuvo que “no se trata únicamente de contenidos inadecuados, sino de la arquitectura psicológica que subyace al funcionamiento de Facebook e Instagram y de su impacto en la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Desde una perspectiva clínica y del desarrollo, la preocupación central radica en que estas plataformas promueven patrones de uso persistente y difícilmente autorregulados, compatibles con formas de adicción conductual”.
En esta línea, el magíster en Psicología advirtió que “el uso intensivo de redes sociales durante la adolescencia se asocia a un aumento de sintomatología ansiosa y depresiva, problemas de autoestima, alteraciones del sueño y dificultades en la regulación emocional, efectos que emergen de una interacción compleja entre el entorno digital y un cerebro en pleno desarrollo”.
Profundizando en este punto, el especialista en trastornos ansiosos recalcó que “la adolescencia constituye una etapa crítica de reorganización neuropsicológica. Durante este período, los sistemas motivacionales y de recompensa presentan una alta sensibilidad a la aprobación social y a los estímulos novedosos, mientras que las funciones ejecutivas encargadas del autocontrol y la planificación aún no alcanzan su madurez. En este contexto, la exposición constante a dinámicas de comparación social, validación externa y evaluación pública puede intensificar la autocrítica, el miedo al rechazo y la dependencia del reconocimiento digital”.
En cuanto al rol de los algoritmos, González enfatizó que “estos sistemas constituyen el núcleo del problema, ya que, desde el punto de vista psicológico, operan sobre principios clásicos del aprendizaje, particularmente el refuerzo intermitente, uno de los mecanismos más eficaces para consolidar conductas repetitivas”.
“Cada notificación, ‘like’ o contenido sugerido actúa como una señal de recompensa potencial, activando circuitos dopaminérgicos implicados en la motivación y el placer anticipatorio. En adolescentes —cuya capacidad de inhibición conductual aún se encuentra en desarrollo— esta dinámica favorece el chequeo compulsivo, la pérdida de control sobre el tiempo de uso y la dificultad para desconectarse voluntariamente”, añadió.
Asimismo, el académico insistió en que “los algoritmos tienden a reforzar patrones previos de consumo, configurando entornos cerrados que amplifican intereses, inseguridades o estados emocionales negativos. Este fenómeno incrementa el riesgo de uso problemático y puede profundizar malestares psicológicos preexistentes”.
Controles de acceso
Respecto a la problemática que suponen los algoritmos, el académico de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Serena, Pablo Andrada Sola, relató que “los algoritmos han ido perfeccionándose en su afán de captar la atención del público. Esto hace que aumente el peso de los contenidos que provocan más enganche emocional y que las personas se queden más tiempo consumiendo algo que no han ido a buscar, es decir, consumo incidental”.
“Con Tik Tok esta búsqueda de la atención se aceleró, disminuyendo el peso de la actualidad, veracidad y asuntos comunes. Ante el éxito de esta, otras plataformas han imitado la lógica de estos algoritmos”, agregó.
Al ser consultado sobre la efectividad de las herramientas de control, el Doctor en Comunicación planteó que “no ha existido la voluntad de las plataformas de levantar barreras que controlen el acceso, puesto que le arruinarían el negocio. Lo único en lo que han avanzado son en mecanismos de denuncia que muchas veces han tenido mal uso para bajar cuentas alternativas”.
En línea con esto, el experto en estudios de audiencias indicó que “se puede aprender a convivir sanamente con los medios autorregulando nuestro consumo con herramientas como bienestar digital y así no desconectarnos. Por otro lado, se podrían implementar sistemas de seguridad más rigurosos similares a los que se usan en las transacciones bancarias, pero no existe la voluntad para ello”.
En relación a si es posible equilibrar la rentabilidad de estas plataformas con una experiencia más saludable, el Dr. Andrada afirmó que “para ello se requiere educación mediática de la población, para que sea más exigente y que desde las plataformas se hagan responsables del daño que están haciendo, lo que implica ceder parte de su negocio, cosa que no harán a menos que se las obligue y regule”.
