De estudiante a futura profesora: Proyecto OCRE USerena impulsa vocaciones científicas en la región de Coquimbo

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El Observatorio Científico Regional Escolar (OCRE) de la Universidad de La Serena no solo acerca la ciencia a escolares, sino que también está motivando a jóvenes a elegir carreras pedagógicas, impactando actualmente a más de 20 establecimientos en la Región de Coquimbo.

Hoy, lo que partió como una iniciativa para acercar la investigación científica a escolares, está generando un impacto que no estaba en los planes iniciales: motivar a jóvenes a proyectar su futuro en la ciencia y la pedagogía.

Ese es el caso de Natalia Flores, estudiante de primer año de Pedagogía en Matemáticas y Física de la Universidad de La Serena, quien conoció el proyecto Observatorio Científico Regional Escolar OCRE cuando cursaba enseñanza media en el Colegio San Lorenzo de Coquimbo.

“Fue un cambio bastante grande para mí, porque el proyecto me permitió ver mis habilidades y decir: yo también puedo hacer ciencia en mi colegio”, relata.

Natalia participó desde segundo medio en esta iniciativa, que llegó a su establecimiento de manera inesperada, invitando a estudiantes a integrarse voluntariamente. Desde entonces, su vínculo con la ciencia cambió por completo.

“Fue muy bonito ver la ciencia desde otra forma, no tan solo teórica, sino también más práctica. Trabajar con datos reales, hacer gráficas, analizar información, eso fue lo que finalmente me hizo decidir”, explica.

Ahora, ya como estudiante universitaria, Natalia sigue vinculada al proyecto, esta vez desde el otro lado, acompañando a nuevas generaciones. “Volver fue como encontrarme con una familia”, comenta.

Una ciencia viva desde el aula

El proyecto Observatorio Científico Regional Escolar OCRE de la Universidad de La Serena, ubicado en el Departamento de Física de la Facultad de Ciencias, nació hace más de cinco años con el objetivo de fortalecer habilidades de investigación científica en estudiantes escolares.

Así lo explica la académica del Departamento de Física y asesora del proyecto, Silvia Cerna. “El proyecto OCRE surge por la necesidad de fortalecer habilidades de investigación científica en estudiantes secundarias. Como docentes vimos la oportunidad de generar esta red y llevar una ciencia real a los estudiantes de la región”.

Lo que comenzó con tres colegios, hoy reúne a más de 20 establecimientos de la Región de Coquimbo, consolidando una red que promueve la investigación desde el contexto escolar.

Según Cerna, uno de los principales aprendizajes observados es que los estudiantes “pierden el miedo a comunicar ciencia, generan reflexiones y desarrollan investigaciones vinculadas a su entorno”.

De la teoría a la ciencia activa

Uno de los aspectos distintivos del proyecto es su enfoque en el trabajo con datos reales, a través de estaciones meteorológicas y, más recientemente, sismógrafos instalados en distintos establecimientos.

Para el Mg. Luis Tamblay, académico del Departamento de Física, director de la Escuela de Pedagogía en Ciencias y coordinador del proyecto, esta es una de las claves de su impacto. “Empezamos a hacer una ciencia distinta, una ciencia viva. Los estudiantes trabajan con datos reales, no con ejercicios ideales. Se preguntan qué significan los datos, cómo se relacionan las variables, y comienzan a descubrir el mundo desde la evidencia”, explica.

Actualmente, el proyecto ha instalado estaciones meteorológicas en más de 20 colegios y cinco sismógrafos en la región, permitiendo a estudiantes analizar fenómenos como la temperatura, humedad o actividad sísmica desde su propio territorio.

Un impacto que no esperaban

Si bien el objetivo inicial del proyecto no era influir directamente en la elección vocacional de los estudiantes, hoy ese efecto se ha hecho evidente.

“Han comenzado a llegar estudiantes a la universidad que participaron en OCRE y que ahora eligen carreras científicas. Eso no lo buscábamos, pero nos llena de orgullo”, destaca Cerna.

Para Tamblay, este resultado refleja el potencial del proyecto. “Aquí aparecen cosas que nadie planificó. Estudiantes que vivieron la ciencia activa deciden estudiar pedagogía en ciencias. Eso es un impacto real”.

Natalia es parte de ese resultado inesperado. Su experiencia en el proyecto no solo fortaleció su interés por la ciencia, sino también su vocación docente.

“Me gustaría enseñar ciencia de la misma forma en que aprendí, que los estudiantes vean que ellos también pueden hacer ciencia, desde su entorno, con lo que tienen”, afirma.

Proyección: un semillero de innovación

A futuro, el equipo busca seguir fortaleciendo el proyecto, ampliando su alcance y consolidándolo como un espacio formativo tanto para escolares como para estudiantes de pedagogía.

“Nos gustaría que el proyecto siga creciendo, que se abra a más territorios y que se convierta en un espacio donde estudiantes de pedagogía puedan construir innovaciones educativas en conjunto”, proyecta Cerna.

En la misma línea, Tamblay agrega que uno de los desafíos es formalizar aún más su vínculo con la formación docente e incluso proyectar redes internacionales. “Queremos que este proyecto trascienda, que los estudiantes puedan incluso mostrar su trabajo en el extranjero. Hay mucho por hacer”, señala.

Más allá de sus proyecciones, OCRE ya evidencia un impacto concreto, estudiantes que no solo aprenden ciencia, sino que deciden vivirla y enseñarla.

Como Natalia, quien pasó de observar datos en su colegio a proyectarse como futura docente, reflejando uno de los logros más significativos del proyecto, demostrar que la ciencia no está solo en los libros, sino también en las experiencias que marcan el camino de muchos estudiantes.