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El estudio, en el que participaron las académicas de la Universidad de La Serena, Ingrid González-Palta y Susan Galdames, reveló que cuando se instruye a los estudiantes a deliberar o persuadir, argumentan de manera distinta, aunque avanzan por igual en el aprendizaje.
Debatir para convencer a otro no es lo mismo que hacerlo para encontrar, en conjunto, la mejor respuesta posible. La diferencia no solo está en el objetivo de la discusión, sino que plantea una interrogante: ¿podría influir también en cuánto aprendemos? Y en la educación superior, donde el debate se utiliza como metodología de enseñanza, esta pregunta cobra especial relevancia para comprender cómo los estudiantes construyen conocimiento a través de la argumentación.
Precisamente esta relación fue analizada en una investigación con 43 estudiantes de primer año de Psicología de una universidad pública del norte de Chile, que comparó debates orientados a persuadir con otros enfocados en deliberar y alcanzar acuerdos.
Dicho estudio fue desarrollado por las académicas del Departamento de Psicología de la Universidad de La Serena, Ingrid González-Palta y Susan Galdames; además de Antonia Larrain, de la Universidad Alberto Hurtado; Gabriel Fortes, de la Universidad Alberto Hurtado y la Universidade Federal de Alagoas de Brasil; y Javier Torres, de la Universidad Santo Tomás.
Los resultados mostraron que las instrucciones entregadas incidieron en la manera de argumentar de los participantes, aunque ambas modalidades generaron avances similares en el aprendizaje. A su vez, el cambio de posición durante la discusión apareció como un elemento relevante para el progreso del conocimiento disciplinar.
En relación a las motivaciones para esta investigación, la psicóloga y académica del Departamento de Psicología de la Universidad de La Serena, Dra. Ingrid González explicó que “me interesa particularmente comprender cómo y por qué el hecho de que los estudiantes hablen entre sí, y en especial que argumenten con otros, puede tener efectos en el aprendizaje, como en otros procesos psicológicos”.
Según la magíster en Estudios Interdisciplinarios con mención en Lingüística, “la argumentación en el ámbito educativo se ha estudiado desde dos tradiciones: learn to argue (aprender a argumentar), ya que sabemos que es una habilidad muy valiosa profesionalmente y central en la formación del pensamiento crítico; y argue to learn (argumentar para aprender), esta última es donde justamente se inscribe mi línea de investigación”.
En línea con esto, la Doctora en Psicología aseguró que “la literatura muestra que el objetivo del hablante al deliberar, para alcanzar la mejor respuesta posible o para persuadir a otro, tenía efectos en el aprendizaje, principalmente en el ámbito escolar”.
Ahondando en esto, la investigadora detalló que “este estudio buscó trasladar esa literatura a la educación superior, usando otra metodología de enseñanza, utilizada desde hace muchos años en distintas universidades del mundo, es decir, el debate. El propósito fue justamente indagar si los objetivos deliberativo y persuasivo del hablante podían tener efectos similares en el aprendizaje, en esta metodología”.
Principales resultados
El análisis de las intervenciones permitió observar con mayor detalle qué ocurrió durante las discusiones y cómo estas se relacionaron con el aprendizaje de los participantes.
En relación a eso, Ingrid González-Palta sostuvo que “cuando les pedíamos a los estudiantes que debatieran buscando llegar a un acuerdo (deliberar) o para convencer, efectivamente argumentaban distinto según la instrucción. Eso ya es un hallazgo relevante, porque demuestra que la forma en que un profesor plantea la actividad cambia la manera en que los estudiantes se comportan, al menos lingüísticamente”.
Sin embargo, la psicóloga hizo hincapié en que “hubo algo que no esperábamos, ya que estudios anteriores en escolares sugerían que buscar el acuerdo traía mejores resultados de aprendizaje que buscar convencer al otro. Sin embargo, en nuestro estudio con estudiantes universitarios, ambos grupos aprendieron por igual. La instrucción cambió cómo debatían, pero no hizo que un grupo aprendiera más que el otro, y esto podría explicarse justamente porque el debate es otra metodología, que pudiera tener una carga más persuasiva que otro tipo de metodologías”.
En cuanto a cómo influyeron ambos tipos de debate en el aprendizaje de los estudiantes, la académica reveló que “el análisis estadístico mostró que el movimiento que más predecía el avance en conocimiento disciplinar, independiente del tipo de debate, era el cambio de posición. Las personas que partían pensando A, y que por el diálogo con sus pares transitaban a B, puntuaron más en el conocimiento disciplinar posterior a la intervención”.
De acuerdo a la académica, “esto se puede explicar porque los estudiantes que cambian de posición son aquellos que han reflexionado y evaluado tan críticamente su postura que eso incluso los lleva a cambiarla. Cualitativamente, también vimos que los estudiantes que debatieron para deliberar aprendían más, es decir, la calidad de su respuesta era más profunda, aunque eso no se haya reflejado en el puntaje”.