Con metodología de diseño, escuelas y colegios de la región impulsan soluciones locales a problemas de convivencia escolar

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Comunidades educativas de siete comunas de la región co-construyen proyectos a partir de la guía SMART. A través del diseño, las familias, docentes y profesionales de la educación buscan mejorar el clima y la convivencia escolar.

Durante tres jornadas desarrolladas por el proyecto Comunidades de Aprendizaje Dialógico en los campus Limarí, Gabriela Mistral y Andrés Bello de la Universidad de La Serena, representantes de establecimientos de Andacollo, Coquimbo, La Higuera, La Serena, Ovalle, Paihuano y Vicuña se reunieron con el objetivo de identificar, desarrollar e implementar proyectos participativos, donde cada comunidad educativa responda a las urgencias detectadas en su propio territorio y contexto, siendo guiados por el académico USerena,  Mg. Wilson Vigorena Rivera, utilizando la estrategia design thinking.

La actividad enmarcada en el Proyecto Comunidades de Aprendizaje Dialógico ULS 2495 financiado por el Mineduc, incluyó un diagnóstico que se llevó a cabo en distintos talleres e identificó que la convivencia escolar era una preocupación que se encuentra en la mayoría de establecimientos educativos. Esto se vio reflejado en la elección de proyectos por parte de los establecimientos, ya que durante los talleres, nueve de los once equipos seleccionaron esta área como su propuesta a desarrollar.

Wilson Vigorena, docente de Diseño, señala que el trabajo en conjunto permitió "reconocer una coincidencia muy significativa entre el problema diagnosticado y el problema sentido". Por el lado de quienes se encontraban identificando sus problemas locales, Mabel López Rojas, apoderada de la Escuela Lucía Núñez de la Cuadra, de Ovalle, concuerda con la urgencia de trabajar en materia de convivencia escolar: "Considero que lo más importante a mejorar es la sana convivencia, que los niños se puedan desarrollar en un ambiente cada vez más agradable, donde puedan expresar sus emociones", afirma.

La clave para lograrlo es el cambio de rol. Según detalla Vigorena, al sentarse en las mesas de trabajo, las familias "dejaron de ocupar únicamente el lugar de destinatarias de una actividad y comenzaron a formar parte de quienes la imaginan y la diseñan".

Esta metodología de co-creación contó con el acompañamiento de Katia Riveros Zepeda, especialista en convivencia escolar y representante de la fundación ROMA, quien destaca la importancia de transformar los paradigmas educativos tradicionales desde la base del aula. "Es importante creer que todos y todas podemos aprender. Desde esa perspectiva, pensar que existe una flexibilidad cognitiva, que el contexto no nos condiciona y no nos limita en nuestras zonas de desarrollo. Cuando creemos que todos podemos aprender y vemos la mediación como un puente, ahí está la diferencia: en otorgar ese valor a las personas y a la diferencia", explica.

Asimismo, la profesional enfatiza la necesidad de transitar desde el concepto de igualdad hacia el de equidad dentro del entorno escolar: "Todos somos sujetos de derecho en igualdad para acceder a ellos; sin embargo, cuando hablamos de equidad, entendemos que no todos necesitamos exactamente lo mismo para desarrollarnos. Es necesario entregar a cada estudiante lo que requiere para desplegar toda esa potencialidad que está allí".

En lugar de imponer estructuras, el programa fomenta respuestas con identidad local. Desde la perspectiva docente, la meta es vincular herramientas curriculares como por ejemplo, el aprendizaje matemático a través del juego trabajado con dinámicas que fortalezcan el tejido social de los estudiantes, señala Daniel Gómez Osorio, profesor de Matemáticas en la Escuela El Trapiche de Ovalle.

Al tomar decisiones propias, las soluciones adquirieron un carácter único que refleja la diversidad de las comunas participantes. Wilson Vigorena identifica esto y señala que "frente a un problema común aparecieron respuestas completamente distintas: un jardín infantil urbano propuso un café mensual de conversación; una escuela rural intercultural, una ruta de lectura para rescatar los oficios de las familias crianceras; y una escuela de Gualliguaica, una línea de tiempo sobre el patrimonio de su pueblo".

Para romper con la estructura tradicional, Katia Riveros añade que "la escuela todavía está conformada arquitectónicamente y en sus aulas de la misma forma que en sus inicios, mientras que el resto de los espacios han ido cambiando. Tenemos que mirar más allá de las paredes de la sala; la educación sobrepasa lo que significa una escuela tradicional, porque la escuela educa para la vida".

Del sueño a la sostenibilidad en el tiempo

Transformar estas ideas en realidades requirió el rigor de la metodología SMART un marco de gestión que exige que los objetivos sean específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con un plazo de tiempo definido. "Las aspiraciones generales tuvieron que transformarse en un compromiso verificable. Siete de los once establecimientos formularon metas con cifras", detalla Vigorena, subrayando que muchos colegios descubrieron que los datos para medir su propio éxito ya existían en sus registros.

Con los proyectos en marcha para el presente año, el desafío ahora radica en el seguimiento, buscando que estas iniciativas conjuntas dejen de ser un plan piloto y logren sostenerse en el tiempo como prácticas permanentes de cada comunidad.

Este esfuerzo se consolida como un modelo de bidireccionalidad pura: una articulación directa entre las asignaturas y competencias de las carreras universitarias con las necesidades reales del territorio, favoreciendo tanto la contribución de la academia como el aprendizaje situado de los futuros profesionales de la Universidad de La Serena.

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